#66 Aquello que nos mantiene unidos

Retratos familiares. Ricardo Sumalavia. PUCP Serie Ficciones : 2001. 96 Págs. 

Hace unos años vi un documental sobre el Mediterráneo, si no me equivoco, en la cual hacia el final, digamos la última frase antes de los créditos, la voz en off lanzó una pregunta: ¿qué mantiene unido a los que están unidos? La pregunta me ha perseguido desde entonces, y sin duda también a Ricardo Sumalavia quien en su primera colección de cuentos, Habitaciones, trata de establecer una serie de vínculos secretos que enlazan a sus personajes. Estos vínculos secretos lo que hacen es crear un silencio impresionante, un silencio que es sobre todo un clima y que brota del interior de las historias y llega a anular, incluso, los argumentos.

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Porque los cuentos de Sumalavia son más bien relatos de atmósfera, donde el qué pasa no es tan importante como el por qué pasa.

Eso mismo sucede en Retratos familiares, pero esta vez con una fuerza abrumadora, o más bien perturbadora, pues se trata de relatos que tienen muchos vínculos entre ellos. Vínculos sutiles, desde luego, que vendrían a ser vasos comunicantes, pero que pueden resumirse bajo un concepto: el de familia. Y es que los Retratos familiares son, justamente eso, retratos de familia, que tienen la misma consistencia y naturaleza de las fotografías familiares que cuelgan inocentemente de algunas paredes. También en los cuentos de Sumalavia los retratados están detenidos “como para la foto”, con esa aparente ingenuidad que pretende perpetuarse en las fotografías, que busca ocultar en su aparente tranquilidad la turbulencia terrible de las historias en común, de los traumas y las dolencias, de los rencores y las alegrías. Es decir, de la vida que hay detrás de esas fotos y es en ellas algo apenas perceptible. Cuando uno lee cuentos como “La ofrenda”, “Los climas” o “La herida”, dos de los mejores de Retratos familiares descubre que lo que se nos cuenta son historias sin mayores resonancias, domésticas y casi cotidianas, en las que no existe esa vocación por lo extraordinario ni lo fantástico.

Por otra parte, la prosa sumamente cuidada, sin aspaviento ni efectos, sin una técnica apabullante, nos hace imaginar, además, que lo contado no será algo que nos cambie la vida, aquel knock out de Cortázar, el golpe rotundo y circular. Pero es engañosa esa cotidianidad, pues Sumalavia está muy lejos de ser un autor minimalista, porque detrás de ella respira una piel distinta, oscura, a veces terrible, a veces siniestra, pero siempre contundente. Pero de una contundencia distinta: no la del narrador de historias que parece un encantador de serpientes, sino la de aquella persona casualmente sentada junto a nosotros que en voz baja, con un discurso cargado de silencios, nos traza una historia tristísima en la que apenas podemos reconocer el origen de esa tristeza. Así, en los cuentos de Sumalavia siempre hay una historia detrás de las historias, una segunda historia contada de manera dramáticamente sutil, un argumento secundario que amenaza con pasar desapercibido, pero que está definitivamente presente. La habilidad del autor, además, consigue hacer un tramado perfecto y permite que todo lector pueda hallar sin problemas el cabo suelto de la madeja y sepa interpretar la historia a partir de aquello apenas esbozado.

Pero lo más importante: ¿puede Ricardo Sumalavia, en este libro de cuentos, contestar de algún modo a la pregunta sobre aquello que permite que los que están unidos permanezcan unidos? Sin duda tiene una respuesta, quizá no definitiva, pero que se acerca a la verdad: aquello que une a uno con el otro, aquellos lazos familiares que retrata en su libro, no está en los vínculos de sangre ni en las experiencias compartidas sino en los secretos, en las cosas que se hacen en silencio, en una cierta perversidad, en el abrazo no dicho, en un gesto o recuerdo discreto pero significativo que sucede cuando dos hermanos, un hijo y su padre, o una pareja de amantes, se encuentran y se abrazan con fuerza aún sin moverse.

Retratos familiares es un libro cargado de hallazgos y virtudes -la prosa sobria, los personajes convincentes, la destreza técnica, los estupendos argumentos- pero, sobre todo, es una obra terrible que muestra lo perturbadora que puede ser la solidaridad entre los miembros de las familias incapaces de mantenerse unidas por algo que no sea el silencio y el secreto.

Sobre la carátula

Una foto de familia en medio del cuadro. Parecen apacibles, como los personajes del libro de Sumalavia. Me gusta mucho el diseño de la fenecida colección Ficciones del Fondo Editorial PUCP. Va.

Calificación

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